Volvemos a explicar lo que hacemos. Somos una agencia de comunicación especializada en ciencia y tecnología. Es decir, nuestros clientes se encuentran principalmente –no exclusivamente- en el universo de la ciencia y la tecnología. Somos una empresa con ánimo de lucro, es decir, trabajamos para ganar dinero y para dotarnos de un sueldo digno que nos permita vivir dignamente.

 

Uno de nuestros cometidos es construir historias que tengan atractivo periodístico, que generen interés informativo para que quienes deciden la agenda informativa de los medios de comunicación lo incluyan entre sus previsiones informativas. No tenemos la capacidad para convencer y persuadir a esos responsables periodísticos de que nuestras historias tienen un alcance informativo mayor que muchas otras que pueblan cada día las redacciones de los medios.

 

Nosotros somos los primeros en saber si nuestras historias tienen gancho o no, somos los primeros en intuir la difusión que va a tener alguna de esas historias desde el momento en que las remitimos a los medios. Lógicamente a veces surgen excepciones –positivas y negativas-, que incluso nos hacen dudar de si sabemos de esto que decimos saber.

 

Somos un gabinete de comunicación. Y aunque parezca mentira, disfrutamos creando historias, nos retorcemos para traducir y desencriptar los contenidos realmente duros, complejos, que nos llegan, resultado de estudios-proyectos científico-tecnológicos de nuestros clientes. Sentimos satisfacción similar a cuando publicamos nuestro primer artículo en algún medio cuando somos capaces de resolver una historia complicada, y la reconducimos en términos periodísticos.

Nos pagan por ayudar a nuestros clientes a que tengan visibilidad, a que la sociedad y la propia comunidad científico-tecnológica se haga eco de la actividad que generan los centros para los que trabajamos, para que se conozca en qué se invierten los fondos públicos que se destinan a tal efecto.

 

Procuramos ser rigurosos, no construir historias vacías envueltas en celofán. No decimos que nunca acabaremos haciéndolo (you never know!!) pero no lo hacemos. Como no compramos a los medios, como no negociamos acuerdos de presencia informativa bajo compensaciones económicas, como no cerramos acuerdos publicitarios ocultos para que los medios nos dispensen la atención precisa.

 

Estamos realmente asustados con la deriva de las empresas periodísticas en su afán de encontrar nuevas fórmulas para acceder a recursos económicos… Estamos asustados con todo lo que vemos y llega a nuestros oidos… Empezamos a pensar que incluso la ‘prostitución’ en periodismo transciende ya a las páginas de contactos.

 

 

 

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