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El miedo no ayuda, no es un buen compañero de viaje en ninguna circunstancia de la vida. Tampoco a la hora de gestionar la comunicación de una entidad, ni en clave interna ni en clave externa. Y menos a la hora de gestionar la propia organización en todos sus términos.

El miedo esconde tras de sí inseguridad, falta de autoestima, falta de liderazgo, dudas, muchas dudas, desconocimiento, prejuicios, desconfianza. El miedo esconde muchas cosas, algunas se pueden decir, otras no.

Y el miedo esta siempre envuelto en un celofán que trata de justificar el por qué de las cosas, el por qué de las reticencias de una organización –con su máximo responsable a la cabeza- a la hora de abordar las situaciones, los problemas, las complicaciones. El miedo, en definitiva, tiene su propia argumentación, sea esta convincente o no. Porque cuando no hay respuesta, trasladamos impresión de debilidad. Y el miedo se puede entender, puede ser consustancial al ser humano; sin embargo, la debilidad es sinónimo de mal gestor, de mal jefe. ‘Tú no vales para esto’, te vienen a decir. Ya te están buscando otro sitio. Depende donde estés, te buscarán un número en la cola del Inem…, o te ascenderán en la misma empresa.

comunicación corporativa El miedo construye una respuesta –reactiva- a las preguntas habituales que se trasladan desde los diferentes estamentos de la organización. Y es que en el fondo, os falta información, no conocéis los matices de los problemas ni las implicaciones que puede tener el activar una respuesta determinada ante una circunstancia concreta, y es que no conocéis la organización, porque si supierais en qué lio nos meteríamos si fuéramos más proactivos y creáramos cauces de comunicación interna en la organización; porque claro, es mejor no meterse en líos, estar callados, que nos dejen tranquilos en nuestra historia…

El miedo se combate con decisión, con convicción, con vocación. Para superar el miedo hay que cambiar de chip, hay que entender en qué contexto y en qué mundo vivimos, hay que conectar con la realidad actual, hay que dejar atrás la seguridad y la fortaleza que nos daban las dinámicas, formas y capacidades que acreditábamos en el pasado. Para combatir el miedo hay que dejar de lado las excusas, los argumentos vacíos que lo único que buscan es dotar de sentido a una autoridad que flaquea, que es cuestionada por las circunstancias. Claro, es que todo esto me ha pillado muy mayor…

Vivimos en la era de la comunicación, el-mundo-ha-cambiado. El futuro ya no es ni será lo que era. Las organizaciones demandan información, comunicación, transparencia, participación; las marcas demandan proyección, embajadores para acompañarles en su periplo comercial y estratégico, demandan transmisión de su identidad, de su actividad, de su fortaleza.

Cuando hablamos de la gestión de la comunicación, de la reputación, etc. –que sería extensible a otros órdenes de la vida en las organizaciones-, el miedo debe ser sustituido por la precaución, el tiento, el cuidado, el respeto… Porque el miedo debilita y paraliza. La precaución advierte y contribuye a activar los mecanismos precisos para llevar a cabo una acción o una estrategia de comunicación determinada. La precaución avisa del riesgo, porque lo conoce, lo prevé.

No hay acción ni decisión sin riesgo, es parte de la emoción. El error siempre tiene una lectura positiva, te ayuda a aprender y mantiene tus constantes vitales activas. El miedo te deja postrado en tu silla mientras el mundo pasa delante de ti; el mundo avanza, a pesar tuyo.

Es verdad que cuando juegas en la plaza pública, en el desarrollo de cualquier estrategia de comunicación, asumes que hay elementos en juego que no controlas, que quedas expuesto al error, que en algunos casos pueden darse circunstancias adversas. Pero la comunicación es un activo con una fuerza y una capacidad transformadora –dentro y fuera de casa- de una magnitud muy superior en términos proporcionales al riesgo contraído…, salvo que tu estrategia de comunicación sea un absoluto desastre.

No jugar la baza de la comunicación en el momento actual te aleja de tu organización, de las personas que construyen tu empresa día a día; es probable que sea una manifestación de poder pero al mismo tiempo te resta autoridad. No olvides que el poder te lo dan desde arriba, y la autoridad te la ganas y te la conceden desde abajo. Y la no comunicación te aleja del mundo, llegará un momento en que, quizá, no te verán ni te encontrarán.

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