Estamos de celebración, para qué nos vamos a andar con remilgos. Conmemoramos el X aniversario desde que iniciamos un proyecto que luego se convirtió en un negocio, y que más tarde ha cogido la forma de empresa. Un proyecto que inicialmente no tenía ninguna otra vocación que la de dar inicio a una nueva etapa en la vida, algo así como vamos a ver si somos capaces de hacer algo diferente a todo aquello que criticamos de nuestros jefes y sin el colchón que representa tener una empresa detrás de la que no te haces cargo.

 

 

Un ordenador, una mesa, y una mochila cargada de habilidades, experiencias que, inicialmente consideras son bastante más sólidas de lo que realmente son... Esa fue toda la inversión, ¡y menos mal! Es la suerte de montar un proyento con la mochila como única montera. Y a eso se añadía una expectativa de plantar una pica en el mercado, captando y atrayendo clientes solventes y construyendo una estructura -en el primer año- con media docena de profesionales (¡pardillos!). O sea, intuíamos una empresa allí al fondo, pero ni la olíamos.

 

No vamos a mentir, no empezamos de cero. Arrancábamos con unos pocos clientes que nos permitían ver luz en un horizonte totalmente condicionado por una crisis económica que se presentaba como la antesala del fin del mundo. Era el año 2009.

 

La cosa es que creas la empresa y, aparentemente, no sucede nada; los meses vienen y van, la cartera de clientes no se mueve, si bien no se intuye el fracaso en el horizonte inmediato.

 

Y también estás convencido de que tu facturación va a crecer de forma exponencial en dos o tres años porque, ¡cómo no!, crees-que-eres-muy-bueno, y que tienes unas características que te debieran hacer diferente a ojos de ese público al que te diriges.

 

Pero no, la facturación se mantiene, los gastos van aumentando... Y no pasa nada, aparentemente. Y sigue sin pasar nada, aparentemente, durante un buen tiempo. El tiempo solo discurre.

 

 

'A fuego lento'

 

Y al cabo de un tiempo, mucho más largo del que hubieras pensado, empiezan a pasar cosas, muchas cosas, y empiezas a acordarte entonces de la parábola del bambú que has leído por ahí y que, según parece, esta planta tarda siete años en brotar desde que has plantado la semilla. Y resulta que, en ese séptimo año, y en tan solo unas pocas semanas, pega un brinco tremendo y crece sin parar hasta alcanzar una altura considerable.

 

En ese periodo de tiempo, la transformación se ha ido produciendo en una escala digamos pequeña, en la que se iban sucediendo hitos y acontecimientos no muy significativos, imperceptibles, pero que iban dando solidez a ese suelo.

 

Es decir, no pasaba nada, pero sin embargo se estaba cociendo a fuego lento un sistema de raíces sólidas que estaban cimentando el crecimiento posterior de ese bambú...

 

Esta parábola del bambú podría servir de ejemplo de lo que ha sucedido en GUK en este tiempo, sin por ello comprarla enteramente, ya que el crecimiento no ha sido tan radical como el que parece ser tiene el bambú en ese séptimo año. Pero el ejemplo sí nos sirve. GUK ha ido cociéndose a fuego lento. Pasaban cosas, imperceptibles pero, ¡y tanto que pasaban cosas!

 

 

Periodismo y Comunicación

 

Nuestra semilla inicial fue el periodismo, que nos sirvió para proponernos como una empresa de servicios de asesoría y gabinete de comunicación. A esta semilla inicial le añadimos algunas especias que contenían dosis de atrevimiento, valentía y un poco de desparpajo, para abordar un universo desconocido como era el de la ciencia y la tecnología. Es decir, no solo éramos una empresa de comunicación, sino que además nuestros clientes hablaban de ciencia básica y de ciencia aplicada. La industria estaba en otro de los vértices de nuestra actuación.

 

Contábamos sus historias y buscábamos la forma de darles cauce a través de los medios de comunicación para que llegaran al gran público. Ese fue el punto de partida.

 

Y vimos, vislumbramos, que internet llegaba con fuerza y que tenía buena pinta. Nosotros sabíamos contar historias y necesitábamos canales para proyectarlas. Internet se presentaba como una gran oportunidad para construir puentes de conexión sin necesariamente pasar por filtros o intermediarios en las redacciones de los medios que, obviamente, siguen siendo foco de nuestra atención porque no vamos ahora a quitarles el potencia de generación de influencia que siguen teniendo.

 

Pero, se abría una nueva oportunidad: nos podíamos convertir en editores de nuestros propios contenidos. “Your Company is a media Company”, nos recordaba Tom Forensky del Silicon Valley Watcher. Solo faltaba convencer a los clientes. Nada fácil.

 

No llegamos solos a esta conclusión. Teníamos inquietud por aprender y por ver qué estaba sucediendo ahí fuera. Y había más lío del que creíamos ahí fuera. David Meerman Scott (@dmscott) nos lo puso todo bien ordenadito en un libro. Todas nuestras vacilaciones sobre el storytelling, el branded content y el marketing de contenidos, ya estaban alineadas en una propuesta editorial titulada ‘The new rules of PR&Marketing’.

 

No recuerdo haber leído un libro que haya contribuido a transformar de tal manera nuestro paradigma. Luego vinieron los Paul Roetzer (@paulroetzer), los Joe Pulizzis (@JoePulizzi), los Brian Halligans (@bhalligan), etc. ¡Qué bien haberlos descubierto, leído y conocido!

 

 

Enfoque disruptivo

 

Nuestro proyecto inicial empezaba a adquirir una dimensión más actual, nos conectábamos a una tendencia que encajaba perfectamente con nuestra forma de ver la profesión. Nos gustaba el enfoque disruptivo, en cierto modo nos sentíamos identificados con los nuevos retos porque ya habíamos sentido anteriormente el nudo en el estómago. Se nos hacía familiar.

 

Y el contenido, nuestra expertise en la generación de contenido, nos empezó a presentar un universo de oportunidades para consolidar y reforzar nuestro proyecto, abriéndonos de par en par un nuevo espacio que nunca antes, ni siquiera habíamos intuido: el marketing de contenidos y el Inbound Marketing, como metodología que permite convertir al contenido en el eje sobre el que se desarrolla toda la estrategia de captación de oportunidades de negocio de nuestros clientes.

 

El contenido ha sido el eje que ha dado sentido a nuestro proyecto, el puente que nos ha permitido cruzar un rio desde la orilla de la asesoría y la gestión de la comunicación a la otra orilla del Inbound Marketing, y la semilla que ha contribuido a que nuestra idea inicial -un proyecto en el que aparentemente no pasaba nada- adquiera forma de empresa... y además pinte bonito.

 

Hoy somos una empresa de 12 personas, con una red cada vez mayor de colaboradores de confianza, nos identificamos como una empresa no solo disruptiva sino ‘híbrida’ que integra soluciones de comunicación y marketing digital, que trata de sumar miradas para abordar las inquietudes y las necesidades de nuestros clientes, y nos permite adecuar el foco a esas necesidades concretas en cada caso.

 

Tenemos clientes que nos ven por la mirilla de la asesoría de comunicación y otros que ya nos ven desde la mirilla del Inbound Marketing, pero sobre todo creen que en nuestra empresa confluyen experiencias, capacidades, habilidades y personas que quizá pueden ayudarles a ser mejores, a hacer crecer su negocio, a proyectar la esencia de sus marcas...

 

Antes el proceso de aprendizaje pertenecía a la etapa inicial de nuestra vida. El aprendiz se preparaba para un oficio que maduraría a lo largo de su vida. Hoy el proceso de aprendizaje debe durar toda la vida y debemos programarlo con mucha asiduidad”. Lo dice Xavier Marcet (@XavierMarcet) en el libro ‘Esquivar la mediocridad’ y nos viene al dedillo.

 

Y como apunta el propio Marcet, la cosa no va solo de aprender sino, también, de desaprender, es decir de aplicarnos el cuento, de “reprogramarnos para nuevos contextos”, de apretar los dientes y de entender que esto solo acaba de empezar.

 

 

Beta permanente

 

Beta permanente, percepción continua de inseguridad y de tener un producto mejorable, necesidad de aprender y de abordar nuevos ámbitos de actuación. Y decisión de abrir nuevas puertas al campo. Y esto no para.

 

Hace diez años no hubiéramos pensado que había tanto partido por delante..., ni que hoy íbamos a presentarnos ahí fuera con el sello que nos distingue como Gold Partner de Hubspot, empresa con la que nos liamos la manta hace 4 años para explorar nuevos horizontes y que, tras muchas dudas, temores, retortijones y vértigos varios, vemos ahora los frutos. ¡Será también por el efecto bambú!

 

10años

 

NOTA FINAL: A todas las personas que trabajan con nosotros, a los que trabajaron con nosotros y siguieron otros caminos, a los clientes que confían en nosotros, a los que confiaron antes, a la red de colaboradores, a colegas y amigos de la cosa, a todos aquellos que nos hacen estar despiertos y al loro con lo que está pasando ahí fuera, esto va por todos, mila esker!

 

Gora guk ta ‘guktarrak’! 

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